El árbol de la vida, reflexiones para recordar…

“QUIEN TIENE OÍDO, ESCUCHE LO QUE EL ESPÍRITU DICE A LAS IGLESIAS. AL QUE VENCIERE, YO LE DARÉ A COMER DEL ÁRBOL DE LA VIDA
QUE ESTÁ EN MEDIO DEL PARAÍSO DE MI DIOS”.
APOCALIPSIS 2:7

Las eternas preguntas, las cuestiones que nos persiguen desde que nuestra humanidad cobra conciencia.

El árbol de la vida es una película que arranca con la exquisita fotografía de Emmanuel Lubezki que hace juego con la música de Alexandre Desplat. Una secuencia de violentas imágenes que nos absorben y nos conducen dentro de una estética increíblemente placentera a una reflexión muy personal, pero a la vez compartida.

La vida en sí es una belleza bestial, desde una supernova hasta el nacimiento de una criatura; dolor, sangre, crisis, la luz de sol, el cosmos, la atrayente divinidad de un mar embravecido. Una naturaleza que busca autocomplacerse, que se sumerge en los pretextos para ser infeliz aun rodeada de hechos hermosos y sorprendentes. Pero ¿quién quiere vivir en la gracia, alejado del disfrute del gozo carnal y material?

Terrence Malick, filósofo graduado de Harvard y Oxford, nos narra, en un poema que dura poco más de dos horas y media, la historia de una familia cualquiera, que podría ser la nuestra o la del vecino. Frases que más de uno ha escuchado durante su vida y pasajes de una infancia olvidada o guardada en lo más profundo de la memoria, porque las cicatrices duelen y el dolor se lleva mejor en silencio.

Al inicio de la creación se habla del árbol de la vida, de la vida eterna a la que Adán y Eva renunciaron al comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. “Y dijo: Ved ahí a Adán que se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal, ahora pues, echémosle de aquí no sea que alargue su mano, y tome también del fruto de conservar la vida, y coma de él, y viva para siempre”, Génesis 3:22.

La espiritualidad se hace presente a cada paso. Y no hace falta pertenecer a una religión para entender esas dudas que nos acosan. La lucha entre un dios amoroso, capaz de crear la más excelsa belleza, pero también un dios castigador, que actúa sin una explicación aparente. “Dios te lo da, dios te lo quita”, una idea recurrente que se mezcla en las palabras de cada uno de los personajes. ¿Es en verdad dios el dueño de nuestros destinos, es él quién decide? Una retórica infinita sobre la muerte y la vida, ante los desastres naturales y la magnificencia de un amanecer. El encuentro con la sublime realidad que se hace presente en el más aterrador de los sucesos cotidianos.

En lo personal, los diálogos de la familia me removieron pedazos de una niñez que tenía sepultada al lado de mi hámster y mi periquito, en una ciudad y un tiempo que ahora resultan lejanos. Las acciones de los padres que nos parecen una fatalidad, por el temor que nos provocan -cuando tenemos 8 años-, pero luego, en la adultez, logramos comprenderlas y hasta justificarlas.

Esta cinta -ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2011 y del Gran Premio de la FIPRESCI 2011- retrata a una familia de los cincuentas que se rige bajo esos parámetros lo que pudiera ser “moralmente correcto”, pero que no logra entender la desgracia que la rodea. Las cuestiones de un niño ante la falta de coherencia del padre, la culpa que le provoca el descubrimiento de su sexualidad y el sentirse malo ante la curiosidad de aquello que no se le explica; el padre violento que ama a sus hijos y sólo busca su bienestar, pero no logra descifrar las razones de su fracaso; una madre sumisa y creyente que no sabe lidiar contra la pérdida y el carácter dominante del esposo. Todos se enfrentan a situaciones que no pueden modificar, como el cambio de trabajo o la muerte de un niño ante los ojos de una multitud impotente y vuelven las preguntas: “¿dios, dónde estás mientras todo lo malo sucede?”.

El pequeño Jack crece y se convierte en el sueño de su padre, pero eso no le garantiza la felicidad. Su existencia es vacía y atormentada por la pena que no aminora tras la muerte de su hermano en plena adolescencia. Hecho que le da a Malick un pretexto preciso para hacer de esta película un flashback que recorre no sólo el pasado del protagonista, sino el pasado de la humanidad como parte del universo.

Una narrativa suave, lenta, para dejarse atrapar y mecer en las palabras, las imágenes… Una película para tomarse el tiempo de recordar, sentirse identificado y a la vez ajeno, para ser partícipe y espectador de un constante interrogatorio a un dios que nunca responde, pero que, a la par, nos cuestiona.

“Dime, ¿dónde estabas tú cuando echaba los cimientos de la tierra? Dímelo, ya que tanto sabes. ¿Sabes tú quién tiró sus medidas?, o ¿quién extendió sobre ella la primera cuerda? ¿Qué apoyo, di, tienen sus basas? ¿O quién asentó su piedra angular entonces que me alababan los nacientes astros y prorrumpían en voces de júbilo todos los Ángeles o hijos de Dios?”, Job 38:4-7.

 

Ficha Técnica
Título: El árbol de la vida
Título original: The Tree of Life
País: Estados Unidos
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Reparto: Brad Pitt, Sean Penn, Jessica Chastain, Fiona Shaw, Crystal Mantecon, Joanna Going, Jackson Hurst, Dalip Singh, Kimberly Whalen, Kari Matchett, Brenna Roth, Jennifer Sipes, Zach Irsik, Brayden Whisenhunt, Danielle Rene, Tamara Jolaine y Hunter McCracken.

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2 Respuestas en “El árbol de la vida, reflexiones para recordar…”

  1. Dylan says:

    Por unas razones no contundentes he ido postergando el momento de visionarla, desde luego hay dos posturas encontradas y mayoritarias: las que la tachan de pretenciosa y preciosista, y la otra que habla de ella como una obra de arte. En fin, un día, más pronto que tarde, me pondré a éllo.

  2. admin says:

    A pesar de las críticas, lo mejor es siempre ver las películas y formase uno su propia opinión. Ojalá te des la oportunidad de verla. Saludos!

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