Sé mi musa

Urania 1 - Vouet

 

Tal vez este tema ya lo había abordado, pero en realidad me da flojera buscar entre más de 6 años de archivos, así que volvamos a él y sumerjámonos en el dolor conmemorativo del ego dañado.

 

Todas y todos quisiéramos, alguna vez, ser esa musa que inspira las creaciones bellas (y aclaro, bellas, porque ser fuente de inspiración para guarradas no vale). Sin embargo, no siempre se puede. En mi caso eso de la museada no se me da. Simplemente no soy una musa y ya.

 

No hay vuelta de hoja, en estos menesteres se es o no se es, no hay medias musas. Yo básica y llanamente no lo soy. Y no es por decisión propia, aquí los argumentos personales salen sobrando. Uno no decide serlo, es un don (o cualidad) con la que se nace y no hay más discusión al respecto.

 

Cómo saber si uno es una musa o no, pues en mi caso resulta muy fácil. A lo largo de mi vida he salido con muchos artistas, he sido amiga de otros cuantos y conozco a un sinfín de ellos. En todo este tiempo en que me he rodeado de grandes creadores en todos los ámbitos, pintura, teatro, música, literatura, fotografía, cine, etcétera, nunca he sido el motivo que desencadene un algo, llámese canción, cuadro, foto, cuento, corto… no, nada.

 

Las pocas veces que llegué a participar en las producciones de mis amigos o parejas fue por mera insistencia mía, no porque de ellos naciera hacerme partícipe. Y al final siempre fui el esbozo que se quedó olvidado en el cajón o que inspiró una verdadera obra que se concretó con una verdadera musa.

 

Así ha sido siempre, ni modo. Tendré que conformarme con ser yo el creador que busca musas y olvidarme de inspirar, porque para eso se necesita un tipo de magia de la que yo carezco.

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