Para siempre me parece mucho tiempo…

El ser humano se niega a ser efímero y a pesar de su mortal fragilidad se aferra a la trascendencia.

Desde pequeños el concepto “para siempre” nos es inculcado como sinónimo de felicidad. La eternidad que nos venden se traduce en un “fueron felices para siempre”, como si un hecho único y aislado pudiera brindarnos la tan añorada y buscada prosperidad. En los cuentos es el amor la clave de la eternidad, y lo puede ser si nos enfocamos en la descendencia, aunque siendo honestos la semilla de nuestro recuerdo llegará hasta los nietos, porque casi nadie ha llegado a conocer a los padres de sus abuelos o recuerda a los abuelos de sus abuelos, lo que trasciende en algunos casos es el apellido, siempre y cuando la familia esté llena de varones.

El hombre (sin meternos en rollos de género) se aferra a ser eterno y vuelca sus deseos en la literatura, crea personajes y fórmulas para alcanzar la inmortalidad, pero con todas las ventajas –juventud, poder, dinero–. Los vampiros, las hadas, los elfos y todos esos seres mitológicos juegan con la perfección y la existencia eterna, porque no basta no morir, la vejez, sobre todo en estos tiempos, es un terror colectivo contra el que se ha luchado a lo largo de los años y, con el paso de los siglos, se ha convertido en una lucha campal contra las arrugas, mientras que en la antigüedad la vejez era sinónimo de sabiduría y algunas culturas consideraban a los viejos como valiosas piezas en sus sociedades, actualmente los ancianos son una carga para las familias y terminan confinados en asilos, la gente lucha por no envejecer y se somete a operaciones, peelings, inyecciones de botox, trasplantes… bebe jugos milagrosos, se atasca de esteroides, antioxidantes y gasta miles de pesos en detener el tiempo.

Y toda esta “evolución” no ha sido gratis, antes las parejas se casaban “jóvenes” porque la expectativa de vida era menor, hoy en día, con todos los avances médicos se ha ampliado el espectro y, sin embargo, continuamos aferrados a la edad como sinónimo de “vida, eficiencia, belleza”, en pleno siglo XXI las mujeres solteras mayores de treinta siguen siendo consideradas “quedadas” y en los trabajos hay “edad límite” y ¿dónde quedan los ancianos? Olvidados. La tecnología avanza vertiginosamente, la ideología no.

El ser humano no sólo se niega a morir y envejecer, se niega a ser olvidado, se niega a que su existencia termine con la muerte, para él es necesario que exista algo más… y es tanta su necesidad que se creó el cielo y la reencarnación y el alma, con el fin de prometerse una “vida eterna”.

El concepto “para siempre” nos persigue, el matrimonio, al menos en nuestra sociedad occidental, es un lazo inquebrantable con otra persona y, bueno, ante dios el lazo es indestructible… la unión es “para siempre” te guste o no y si te arrepientes te chingas porque el divorcio no es una opción aprobada por los católicos…

Y así vamos por la vida, buscando eternidad, ya sea a través de un descubrimiento, un hecho histórico, un gran libro, una película… si no podemos vivir para siempre, nos queda el recurso de la fama que nos mantendrá en la memoria colectiva con una estatua, una calle, una referencia en una bibliografía, empolvados en una biblioteca, arrinconados en una tienda… donde sea, no importa… lo sustancial es permanecer…

“Forever Young,
I want to be Forever Young
Do you really want to live forever?
Forever Young.

Some are like water, some are like the heat
Some are a melody and some are the beat
Sooner or later they all will be gone
Why don’t they stay young?

It’s so hard to get old without a cause
I don’t want to perish like a fading horse
Years like diamonds in the sun
And diamonds are forever…”

Alphaville

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