Merlina baila en un cuento…

merlina sillón

Merlina nació un día incierto, simplemente apareció corriendo y maullando por la casa un miércoles.

Yo estaba de viaje, recuperándome de una crisis nerviosa. Aquel miércoles de la aparición de Merlina mi madre me llamó para decirme que Mamila había tenido una gatita y que ahora tenía dos gatos dando lata por toda la casa.

Regresé y ahí estaba el cachorro blanco y negro. Un cachorro inquieto y hermoso. La nombré Merlina, en honor a un personaje de la Familia Addams, y de paso aproveché la canción de La Gusana Ciega para brindarle un arrullo personalizado.

Merlina creció y nos mudamos a una casa con jardín, cerca de mi trabajo. Ahí vivió la experiencia de ser madre. Tuvo cuatro cachorros, aunque sólo sobrevivieron 3: Merlín, Vaca y Pelos. Todos quedaron en manos de amigos y Merlina se enfrentó a la operación más temida, sí, la esterilización, porque mantener tantos hijos hoy en día es tarea difícil.

El tiempo pasó y otra vez nos cambiamos de casa. Merlina conoció a D’Arcy, una labrador que se empeñaba en ser gato, pero que nunca lograría serlo, era demasiado grande y torpe para convertirse en felino.

Merlina era muy territorial y nunca quiso compañía gatuna, intenté que tuviera hermanos, pero ella se encargó de echarlos de la casa. El primero en llegar fue Molko, un gatito naranja todo ternura. Dos semanas después desapareció.

Orli llegó poco después, pero Merlina lo atacó y no tuvo más remedio que huir. Merlina y yo nos quedamos solas. Hasta que llegó una oferta de trabajo que me obligó a mudarme de ciudad y la gata blanco y negro de ojos verdes volvió con mi madre.

Vivió en un departamento, junto a su madre, pues Mamila vivía desde hace años con la mía (mi madre). Luego se cambiaron de departamento, en el mismo edificio, y Merlina se apropió del cuarto de servicio. Dejó de ser parrandera, se dedicó a ser un gato hogareño.

Muchos años pasaron. Merlina empezó a perder su gordura, todos creímos que las croquetas de dieta estaban haciendo efecto, pero no. Merlina fue atacada por la leucemia que acabó, poco a poco, con su masa muscular.

Merlina supo decir con una mirada que estaba lista para su mudanza final. Merlina se fue, pero me dejó sus mejores recuerdos en una cajita de cristal que juntas inventamos, cuando desde el jardín contemplábamos la luna.

Adiós Merlina, sigue bailando en los cuentos, que yo te escribiré más de uno.

merli ventana

Merlina baila en un cuento,
en los jardines…
se envuelve en flores de invierno
ignora el tiempo

Merlina puede verme ahí.

Merlina canta en un sueño,
en su cabeza…
se duerme en brazos del viento
en el castillo no hay viento.

Merlina puede verme ahí

Merlina, eternamente quiero estar ahí.

Merlina sabe el camino,
hasta el castillo…
su vida es un remolino
de fuego y tiempo perdido.

“Canción a Merlina”
La Gusana Ciega

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6 Respuestas en “Merlina baila en un cuento…”

  1. Lu says:

    No sé qué decir. Me conmueve profundamente.

  2. No hay mucho que decir, ella seguirá viva en mis cuentos y mis pinturas. Ella sigue aquí, basta mirar su foto.

  3. mathy says:

    cuando bebé se fue, también me hizo saber una noche antes que estaba listo…es hermoso eso, aunque duele demasiado, es hermoso saber que hasta el final se siguen comunicando contigo.

  4. gatito suicida says:

    así es Mathy… son criaturas sorprendentes… y nos permiten estar a su lado, eso es maravilloso.

  5. eLiZa says:

    hasta hoy lo supe y, aunque no conocí a Melina ya lloré su partida… como bien dices, no hay mucho qué decir. Un abrazo.

  6. gatito suicida says:

    gracias, Eliza. gracias por tu apoyo, un abrazo en estos momentos es lo que más se necesita.

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