02/04/08
¿QUIÉN NO DESEA crucificar a su “Depresión”?
Me he imaginado a la perra con corona de espinas,
huellas de azotes y sudores sangrantes
en los huertos del pecho.
Oigo sus gemidos rumbo al firmamento, quejándose
de haber sido abandonada por un Dios Todopoderoso.
Tiemblan sus patas clavadas en la cruz.
Dos perros policías, crucificados también
por sus delitos, la escoltan en silencio
sin el menor arrepentimiento.
Una perra ovejera, bella y de supuesta vida disoluta,
gruñe revolcándose entre los peñascos del Gólgota,
hasta convertirlo en un mar de lágrimas.
Francisco Hernández
Mi vida con la perra






¡te regalo mi vida con la perra!!!….ese libro es buenisimo, durante el curso nos leyó mucho de el; es realmente bueno e ingenioso, incluso a veces te hace sonreír. Que depre esta el ambiente..
sip, hay un ambiente raro… como triste… espero se pase pronto.y efectivamente me regaló ese libro… y, justo como dices, es grandioso!
Regalame una copia!!!!