los días carcomen los sueños como roedores en una tienda de queso. no termino de encontrar el origen de tanta incertidumbre. corro en cámara lenta y vuelvo al punto de partida cada vez que pretendo huir. no sé si hay salvación. no sé si pueda volar. me duele la memoria. extraño sus colmillos afilados, el olor a alcohol de su piel morena. extraño los latidos de su corazón, la risa profunda. extraño las marcas, el whisky. cierro los ojos y vuelvo a diciembre, con sus manos en mis manos revolviéndolo todo. vuelvo al inicio una y otra vez como si eso pudiera borrar el futuro carente de esperanza.

nuestro pasado compartido es lo único que queda. corro para salvarnos del olvido, para distinguir entre la conjugación de tiempo, evitando llorar en vano. mi amor vivirá por los dos, alcanzará para cubrirnos del paso de los años. mi amor nos inmortalizará en letras desteñidas bajo el polvo de la vejez.

viviremos entre cuentos, entre ensoñaciones. dentro de la mente, bajo las pupilas… viviremos en latidos, sin saberlo, sin quererlo. sólo seremos lo que fuimos, sin más pretenciones que las de una fotografía que se degrada en el baúl del sótano.

One Response to “”

  1. en enero el viento corta de verdad….
    chale, en marzo también…
    hoy me he hundido en tu melancolía, es tan sutil y penetrante a la vez, me cae que ya tenía un rato que no escribías así.

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