Con él todo está bien a veces, todo está mal a veces. Y a veces ya no sé ni qué pasa. Creo que mi mayor problema siempre es querer demasiado y mi mayor conflicto es no ser correspondida con la misma intensidad, y tal vez no se trata de una ausencia de sentimiento, sino que me cuesta demasiado trabajo creer, creer que todo está bien, que no me van a mentir, que nadie va a destruir mi burbuja de ilusión, me cuesta trabajo pensar que en realidad alguien está comprometido conmigo y que no se va a hartar de mis neurosis, de mis locuras y que no me va a dejar por una vieja menos complicada y más buena (aunque ya estoy semi-entrenando box de nuevo, maldición –nota de ego al margen-)
Vivo esperando el caos.
Por otra parte, está el pánico total y absoluto, el pánico a que todo termine, a ser herida, a dejar de ser. Evocar un pasado que ya está muerto, enterrado y olvidado, no tiene ningún caso, pero las secuelas del dolor aún no borran sus rastros, me aterra volver a sentir tanto dolor, volver a vivir una situación semejante a la que viví hace tantos años y de la que me costó tanto trabajo salir.
El pánico me persigue cada día y tal vez por eso busco relaciones efímeras e irreales, relaciones que de antemano no son más que una aventura, que sé que no llegarán a ninguna parte, y las sufro al paroxismo para tener material para hacer mis cuentos, para escribir historias. Uso al dolor como musa inacabable. Musa que mezcla dolor y felicidad inventados (-ego tiene una imaginación terrible-).
Con él todo está bien, o al menos eso creo, es honesto, dulce, pero no puedo controlar mis celos, mi inseguridad, la necesidad de sentirme única e importante en su vida, el vivir buscando “peros” porque no puedo creer que esto sea real, vivo a la espera de que un día simplemente me diga que se va (aquí ego tararea “Las golondrinas”).
Vivo en una constante paranoia.
Y al final sólo abrazo mi almohada rogando que me tenga paciencia y por tener la fuerza para olvidar y rehacer mi vida con él, que me ha demostrado cada día que es alguien por quien vale la pena luchar. Pero mi miedo, cuando amanece, todo lo destruye.
Creo que mi destino es vivir sola, rodeada por mis gatos, abarcada en sus maullidos, vivir prendada de sus caritas cálidas y llenas de ternura falsa. Creo que no sirvo más que para hablar de gatos y escribir cuentos tristes (violinazo de caricatura, ojos llorosos… favor de evocar la cara del gato de Shrek para ejemplificar).
Vivo con el corazón roto y ni la kolla-lloka pudo repararlo (no pagamos derecho de marca, la falta de ortografía en el nombre es intencional).





