Las noches no cambian de piel, sólo se distorsionan los cuerpos segregados por campos minados de ayer. Dejé de escuchar el canto de los grillos. Me instalé de lleno en el ronroneo ficticio de mi gato ficticio. Cierro los ojos e imagino que todo sigue igual. Que Merlina corre ágilmente en el jardín. Uli ensaya en la recámara con su vieja guitarra. El gordo juega con Darci mientras Fab cocina. Aligaitor preparando café con anís y Denzo estacionando la moto en la cochera. El pasto recortado, Molko dormido sobre la almohada y Orli escondido bajo algún mueble. Extraño los tiempos de tranquilidad. Tiempos estables. Cuando todos seguíamos juntos siendo niños, sin responsabilidades. Sin preocuparnos más que por la comida del día, el pago de la renta y el chupe del fin de semana. Todo se vino a bajo cuando decidimos crecer. Me pregunto qué habrá sido de Orli, supongo que estará flaco y hambriento, o quizá muerto (duele pensarlo). Merlina sigue separada de mí, lejos, muy lejos. Uli también partió. Lo extraño y mucho. Del gordo y Fab no hay noticias. Darci pasó a mejor dueño. Aligaitor reconstruyó su vida sin Denzo, y Denzo continúa en su misma filosofía. Extraño lo único real que alguna vez tuve: la amistad de aquéllos que supieron ser y estar por simple gusto.
02/28/05





