Los amantes se escurren bajo las terribles casualidades y se escudan en los pretextos individuales de una vida privada. Caminamos sobre el contorno de un círculo que se cierra por la delicada línea llamada amor. Los amantes se derraman en el vientre, en las espaldas. El amor se tensa, hasta casi reventar por la rutina. Y vuelve el éxtasis, el deseo forastero. Husmear entre piernas, en oquedades infinitas. La lengua se revuelca en fantasías inexplicables. Morder pezones con dientes afilados y llorar al ritmo de ese latido cada vez más distante. Hacer el amor después del sexo. Recrearse en las pupilas y desear como si siempre hubiera un quizá.

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