Archive for January, 2005
La noche del sábado pasó entre cervezas, muchos rostros desconocidos y gente que te conoce más de lo que crees a través de tus letras. Una reunión en coyoacán para compartir charlas entre bloggers. Nombres que se acumulaban a cada paso (creo que no me aprendí uno solo). Páginas. Gente que te ha leído, gente que nunca te leyó. Pláticas sin sentido, de segundos, de horas. Gustos similares o totalmente opuestos. Una buena noche para ampliar la lectura y el círculo social.
PD. Espero que si alguno de los asistentes cae por aquí deje en los reclamos de este post el link de su blog. O me mande fotos de la reunión para publicarlas.
Tristessa (fragmento)
Es la triste y lluviosa noche que se ha apoderado de mí… Por mi cabello escurre agua, mis zapatos están empapados… Traigo puesta una chamarra que está completamente mojada por fuera, pero a su interior no entra agua… Me dirijo a casa, paso junto a una panadería que a las dos de la mañana ha dejado de hacer donas y veo las trenzas fuera de los hornos… A través de unas ventanas te venden las donas remojadas en miel a dos centavos cada una; de niño hubiera comprado canastas llenas… Pero ahora la panadería está cerrada y en esta lluviosa y desolada noche de la ciudad de México no hay rosas ni donas recién hechas. Cruzo la última calle, lentamente, relajándome, soltando el aire de mis pulmones, distensando mis músculos, y llego a mi casa, no sé si muerto, con la intención de dormir dulcemente como los ángeles blancos.
Jack Kerouac
la noche y los recuerdos soplan cenizas titubeantes de los ayeres hediondos donde alguna vez me miraste.
No commentsreflexiones sobre la muerte
Hace unos días, mientras viajaba en el metro, me clavé pensando en la muerte como concepto. La ideología vampírica hace de la muerte un pasaporte a la inmortaliadad. La muerte católica, es la separación del alma y el cuerpo, para transportarse a una inmortalidad espiritual en el cielo o el infierno. Para ciertas antiguas tribus, morir es un honor, una fortuna (en algunas culturas los sacrificios a los dioses, por ejemplo, hacían sentir a elegido honorable y orgulloso). La muerte mexicana, es una muerte alegre, el paso a otra vida, pero mientras que en la onda vampírica se regresa a la misma vida, en el sentido estricto de la palabra, en la muerte mexicana la nueva vida es un paraiso. La muerte mexicana se burla del difunto, se ríe de la circunstancia porque el muerto estará mejor después de morir. Algo semejante pasa con los vampiros, si bien son inmortales, lo son dentro de la misma vida que llevaban pero por tiempo ilimitado, lo que en ellos muere es el miedo a la muerte, pues resucitan a su vida con algunas características distintas (en cuanto hábitos alimenticios o corporales, por ejemplo). La muerte no es más que el final de un camino. Y ese final lo conoceremos hasta estar muertos, sin embargo, es fascinante descubrir los mitos y leyendas que entorno a ella se han creado.
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Way to go, your alter poet is Jack Kerouac, who is
by FAR the coolest!
Según un test que encontré visitando caótico suceso
, mi alter poeta es Kerouac… supongo que todos nos identificamos, de alguna manera, con aquello que admiramos. Jack Kerouac es mi poeta y narrador favorito de la famosa beat generation, me gustan sus letras, su actitud. quizá esto se debe a que mi personalidad tiene un poco de ese deseo de libertad y esa constante búsqueda interior que caracterizaban a Jack, además también disfruto la soledad y escribir como maniática bebiendo cerveza. y por supuesto, por si no lo habían notado, amo a los gatos.
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entre dolor y tristeza. una banda que plasma sentimientos sin caer en el melodrama. letras que hacen llorar sin cuestionamientos ni cursilerías. kent, una banda que conjuga el hubiera en tiempo permanente.
The Hives, una banda de rock rápido en blanco y negro

Martes 11 de Enero. México D.F. En las afueras del Circo Volador los fans merodean, la mayoría son veinteañeros, algunos vestidos de traje, otros con corbata y muchos con el look alternativo: cabello cortado en capas, playerita con frases locochonas y tenis coloridos.
8:35 pe eme. Se apagan las luces. Me instalo en el centro, bastante cerca del escenario.
The Hives, banda de “rock rápido” formada en 1993 en Fagersta Suecia. Integrada por Howlin’ Pelle Almgvist (voz), Vigilante Carlstroem (guitarra), Nicholaus Arson (guitarra), Dr. Matt Destruction (bajo) y Chris Dangerous (batería).
Aparecen en el escenario uniformados con pantalón y camisa en color negro, saco y corbatín en tono blanco, y unas increíbles botas como de los años 60. Esta visión me recuerda escenas de Naranja Mecánica, Pelle tiene el tipo (mejorado) del inolvidable Alex, sólo le faltan el bate y las pestañas postizas.
Con un español que parece extraído del Larousse, Pelle hace su mejor intento para comunicarse con el público. Pregunta varias veces ‘¿cómo estás?’ y él sólo se responde: ‘bien’, pregunta si nos gusta el rock rápido (pronunciado la ‘r’ delicadamente) porque The Hives es una banda de “rock rápido”.
El frontman remeda sin consideración el trillado movimiento de cadera (con todo y manita en la cintura) del legendario Mick Jagger. Se baja del escenario, convive con la gente, manda besos y abre al máximo sus inmensos ojos azules con expresión sicótica.
Nicholaus Arson, con mirada de loco, juega con la guitarra, la hace girar a su alrededor y de desplaza de una esquina a otra. El Dr. Matt Destruction se empapa de sudor, concentra toda su energía y la transmite a los espectadores a través de las cuerdas del bajo.
Vigilante hace coros, rasga su guitarra y bailotea tratando de llevar el ritmo. Chris Dangerous, peinado de copetito, al más puro estilo James Dean, adopta poses de galán, nos pide gritos y acompaña la euforia con su par de baquetas, las cuales después avienta al público.
The Hives comparte canciones de Barely Legal (1997), Veni Vidi Vicious (2000), Your New Favourite Band (2001) y Tirannosaurus Hives (2004). Ritmos y beats con influencia de los Ramones, The Clash, Sonics y, por supuesto, los Stones.
Su espectáculo es literalmente todo un show y nos involucran en su divertido mundo. Pelle nos recita, casi al estilo de ‘mamá soy paquito’, “Yo no soy marinero”. Brincan, tiran patadas al aire. Se detienen por un instante y quedan como ‘encantados’ mientras Pelle, sobre la tarima de la batería, con los brazos extendidos sólo mueve los ojos frenéticamente de un lado a otro, y cuando interpretan una rolita muy triste para los días malos, el vocalista hace ademanes de sufrimiento, detiene la música y, devastado, solloza. El detalle de la noche, The Hives define ‘balada’ como una canción de “rock no rápido”. No cabe duda de que se la pasan bien.
Salen del escenario, todo queda en penumbras, y antes de volver para la última ronda, Howlin’ entra solo, se detiene frente al gran rótulo en letras rojas, donde se lee “The Hives” -al fondo del escenario-, nos da la espalda, se arrodilla y extiende los brazos en gesto de adoración. Tratan de convencernos, de hacernos creer que son la mejor banda.
El sonido en general es bueno, la iluminación se limita a focos blancos, pero una hora con quince minutos de concierto no es suficiente. Sin embargo, los integrantes de The Hives dejan sus instrumentos y envían besos, Pelle acepta gustoso una bufanda a cuadros negros y blancos que le obsequia un fan y un ramo de flores blancas atadas con un moño negro, y moviendo la mano se despide. Las luces se encienden y el silencio invade los pasillos.
Leticia Zwittag
La verdad sueña mentiras eternas, llenas de palabras cursis y ajenas, ausentes de dolor involuntario, perseguimos un “te quiero” y un corazón que nos permita creer para sobrevivir. La vida, torrente de sangre anaranjada, sin nutrientes o vagos deseos, se despabila con el canto del gallo y revienta un día más ante los ojos enceguecidos por la luz. La esperanza de alas rotas se lame las heridas, no queda más vacío que un mar salado bañando las entrañas. Atardece en las pupilas, en las marcas del rostro, en el sexo y la piel, y seguimos vacíos, solos. Gritamos dentro de nosotros mismos, nos lloramos con quejidos lastimeros. Acicalados cruzamos el periférico sin mirar a los lados, sin sonreírle al tragafuego de la esquina. Sin monedas en el bolsillo caminamos, como si las calles fueran alguna salida. Abordamos un autobús suspirando por un destino, sin tener a dónde llegar. Olvidamos comer, olvidamos que existimos para dejar de pensar en su nombre, sus ojos miel de ámbar (bastan cinco letras y una invitación para evocar a mi demonio). Acariciamos al gato, ronroneamos en el sillón. Ignoramos el abandono y la voz de la tristeza, aunque repita inagotablemente la historia. Encerramos sin recato ese trocito de fe, que no muere, en el botiquín del baño. Y cae la noche, como cae siempre a las 7 en punto. Encendemos el estéreo en la misma canción, esa catarsis que nos permite liberar lágrimas. Nos arropamos cuidadosamente y jugamos a sentir frío, a sentir el latido. Jugamos a que mañana será un nuevo día. Y el gato se ríe, sin que nos demos cuenta.
No commentseste nuevo año se torna rarito, se avecinan tormentas. las noches son pesadas, me cuesta respirar a veces. las chivas empataron con el atlante. no he tenido noticias de felicidad. vi a plus, rata y aligaitor. hoy comeré rosca de reyes. dónde estás?
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