la claridad del día se dispersa con suaves murmullos de olvido, con anmesia de días insignificantes que dejan una marca en el rostro. una lágrima quemando el recorrido hasta la barbilla. el corazón agazapado para no oír las despedidas, escondido bajo el sillón de la sala. la soledad coloca su esbelta pierna sobre mi vientre y se ríe a carcajadas mientras balbucea un “te lo dije”…

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