Hace tiempo que la médula espinal carece de sensibilidad. Las noches se esparcen como charcos a contracorriente, las ventanas dejan pasar ráfagas de ensueño. La luna se ríe sutil, sin mostrar los dientes. El tiempo se prostituye buscando vanas esperanzas, escondiéndose de las arrugas. Los finales se agolpan en la mesa del comedor, pidiendo turno para echarte en cara tus errores. La piel se eriza, se escabulle del dolor. Tres neuronas brincan agitadas entre la lluvia de lágrimas. Repites nombres, direcciones, hogeras que calienten tus huesos roídos. El amor te escupe bajo la sábana, se da media vuelta y ronca mientras intentas mirar su rostro, sabes que mañana se irá tras darte una patada en el culo… Recuéstate grácilmente con las manos en la nuca. Trágate los recuerdos, los buenos momentos. Guarda la última carcajada para decir adiós con un pañuelo blanco.
09/29/04






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