La Desdichada…

La dejé en la puerta esperando

y me fui para no volver.

No supo que no volvería.

Pasó un perro, pasó una monja,

pasó una semana y pasó un año.

Las lluvias borraron mis pasos

y creció el pasto en la calle,

y uno tras otro como piedras,

como lentas piedras,

los años

cayeron sobre su cabeza.

Entonces la guerra llegó,

llegó como un volcán sangriento.

Murieron los niños en las casas.

Y aquella mujer no moría.

Se incendió toda la pradera.

Los dulces dioses amarillos

que hace mil años meditaban

salieron del templo en pedazos.

No pudieron seguir soñando .

Las casas frescas y el verandah

en que dormí sobre una hamaca,

las plantas rosadas, las hojas

con formas de manos gigantes,

las chimeneas, las marimbas,

todo fue molido y quemado.

En donde estuvo la ciudad

quedaron casas cenicientas,

hierros torcidos, infernales

cabelleras de estatuas muertas

y una negra mancha de sangre.

Y aquella mujer esperando.

más de Neruda… chale, creo que no tengo muy buen ánimo hoy.

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