Felicidad:
Hace días no tengo noticias tuyas, de verdad que te extraño. El frío me ha calado más que nunca. Leyendo a Saramago me topé con una frase interesante “la ausencia es también una muerte, la única e importante diferencia es la esperanza”. A veces creo que más que mi felicidad eres mi esperanza, aunque las esperanzas sean bobas, según Cortázar. He pasado estos días imaginando cómo ha sido tu viaje a la ciudad termal. No conozco esos lares, pero me imagino que deben ser bellos, no sé si tan bellos como tus ojos mielverdosos. Te imaginé durmiendo en el autobús. Repitiendo para ti nuestras claves en el idioma hermético que nos caracteriza, ese que nació de repente y sin intención (hujum). Te imagino jugando con tu pequeño de ojos igual de bellos que los tuyos, ojos que me miran como si quisieran retenerme en una fotografía.
Pronto irás a Puerto. Me gustaría visitarte, darte una sorpresa y aparecer con mi bikini azul en la puerta del hotel. No es buena idea, lo sé (pa colmo no tengo varo). Extraño tus besos, labios delgaditos y apasionados… extraño tus manos, tu palidez… quisiera. Simplemente. No te he llamado porque cargarían la llamada a tu cuenta y no me parece justo. Muero por escuchar tu voz, con ese acento norteño que yo he perdido. Muero en los días de tu ausencia, pero no sé si sea tu presencia la que termine de matarme.
Desde un pequeño abismo en el piso.
Camila
12/27/03





