Mi vida con Edward no fue fácil. Aunque no eramos tan jóvenes cuando nos casamos la situación se complicó. Lo conocí hace casi tres años, vino a México a dar algunos conciertos, y como buena grupi caí en sus redes. Tres meses después nos casamos y me fui con él a Inglaterra. Todo era maravilloso hasta que tuve la absurda necesidad de terminar la escuela y realizarme profesionalmente. En Inglaterra me fue muy difícil ponerme al corriente, así que decidí regresar a México. Para él la idea resultó abominante. Mi necesidad crecía y desde hace un par de meses estoy de nuevo en mi país. Edward y yo decidimos divorciarnos. Los recuerdos casi nos matan. El día de mi despedida, hubo llanto y mucha tristeza. Ed, que en ese momento se convertía en MI EX ESPOSO, llegó a despedirse con un abrazo largo y doloroso. Con los niños fue diferente. Merlina al principio estaba confundida, pero ahora parece no importarle. Orlando, con sus escasos seis meses de vida, no lo tomó nada bien. Se ha convertido en un rebelde. Desde mi partida no he sabido nada de Ed. A veces habla con los niños. No sé si esta separación será definitiva. Sólo sé, como diría Saramago, que la ausencia es también una muerte, la única e importante diferencia es la esperanza…

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