híjole, extraño al pingüino. en alguna época de mi vida fui un pingüino, o al menos eso me hizo creer la sociedad. más tarde, me descubrí convertida en gato y me enamoré de un gato azul, bella historia al calor de una botella. sin embargo, el año pasado me enamoré de un pingüino siendo ya gato. hace tiempo no sé de él (ni del gato). ahora no estoy muy segura de lo que soy.

hoy desperté soñándolo. lo extraño deveras. no es correcto confiar en los pingüis, aparentemente son tiernos, regordetes e inofensivos, pero si les dices que los amas te muerden.

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